28 agosto 2006

Los castigos del verano

El verano sigue avanzado. Conecto el televisor y me alejo en dirección a mi dormitorio a ponerme las zapatillas. De repente, oigo un alarido que resuena por toda mi casa. Me dirijo corriendo al comedor, que es de donde me ha parecido provenía el horrible grito.

¡Ha sido la tele!. En TV3 emiten Cantamanía. Un tío más feo que pifio está emulando al cantante de Sau. Todo parecido con la realidad es pura coincidencia. Mis tímpanos son incapaces de resistir esa sarta de sonidos guturales absolutamente desafinados a los que los locutores del programa llaman “cantar”. El público, del mismo pueblo que el verdugo, aplaude histérico como si el pollo en cuestión hubiese hecho la actuación de su vida mientras yo me retuerzo de dolor, de oídos y de vientre, porque los bramidos que salen de la caja tonta me están haciendo más efecto que el Activia ese al Coronado.

Apago la tele. No puedo más. El sudor corre por mi frente y comienzan las preguntas:

¿Cómo es posible que permitan que un impresentable así tenga un espacio en la televisión que pagamos todos?.

¿Que pasa, que en verano vale todo?.

¿No tenemos ya bastante con el calor y los incendios que encima tienen que mortificarnos CADA DIA con el mencionado programilla?.

Claro, que si cambiamos de canal, no se yo... Si no encuentras tres especiales dedicados a los chorizos marbellíes te están metiendo refritos de series que ni en su estreno tuvieron ningún tipo de interés.

Las preguntas se suceden:

¿Quién me habrá mandado a mi conectar la tele, con lo feliz que era yo leyendo los correos de mis amigos?.

¿Para que narices me habré comprado yo el TDT?.

Al final una luz. ¡El TDT ha valido la pena, el domingo a las tantas de la noche emiten 24!.

25 agosto 2006

¡Dios mío, la hemos cagado!

Barcelona, un día cualquiera de un mes de verano, a una hora de esas que llamamos “decentes”, es decir, que no se ha puesto el sol.


Un amigo y yo estamos sentados en una terraza tomando una birra a la vez que hablamos de un tema tan apasionante como intrascendente. En eso, un misil nos pasa rozando. Levantamos las cabezas hacia arriba y vemos un cable eléctrico forradito de palomas, digo yo que mensajeras, pues observando el suelo, éste está lleno de “mensajes”.


Esos repugnantes animalitos, sólo comparables a las ratas y los escarabajos, están llenando las calles, plazas, cables eléctricos y cornisas de la ciudad.


Llevo leyendo un montón de años que el ayuntamiento hace o va a hacer no se qué para solucionar el tema de la aviación. Siempre leo pero nunca veo resultados.


Y claro, no podemos olvidarnos de esas viejecitas, (siempre suelen ser mujeres de edad), que cada día y a la misma hora, congregan un grupo numeroso de culos voladores ante la puerta de un edificio cualquiera y que curiosamente, nunca se trata de su propia casa, para alimentarles bien y conseguir así que sus ataques sean lo más agresivos posible. Esos culos diarreicos se sitúan en la zona un rato antes para ir descargando sus reservas sobre los sufridos transeúntes, en espera de llenar de nuevo el buche y volver a recargar sus recámaras de mierda.


Me pregunto si habría alguna forma de saber cual es la renta per cápita, hablando de culos naturalmente, de los habitantes de esta bonita ciudad?.


¡Dios mío, la hemos cagado!, lo más grave del tema es que al final, mi amigo y yo, hemos perdido el hilo de nuestra conversación y somos incapaces de recuperarlo. La caca asesina nos ha secado el cerebro. Malditas palomas, nos habéis jodido el rollo!.