Como supongo ya sabéis, soy el webmaster de laotrabarcelona.com. Seguro que ninguno de vosotros os habéis puesto a pensar que riesgos conlleva esta misión. Pues no os creáis que sea fácil, no. Veréis:
Hete aquí que con todas las dificultades que conlleva tener las dos manos ocupadas, pasito a pasito, foto a foto, llego a un parque de la ciudad. Y aquí continúo la sesión fotográfica. Me doy una vuelta por el parque fotografiando todo lo fotografiable desde los máximos ángulos que me permite mi mermada movilidad.
En esto, cuando ya estoy terminando, se me presenta una pareja de agentes de la autoridad y me comunican que han recibido una denuncia en el sentido de que alguien se está dedicando a hacer fotos a los niños que están jugando en el parque y resulta ser que ese alguien soy yo…
Me explican que una señora es la que ha notificado mis “fechorías”.
Le explico al agente que soy webmaster de un sitio dedicado a la ciudad y que hago fotos en parques, monumentos y todo aquello que pueda ser mostrable a mis visitantes. Le ofrezco también la cámara para que revise las fotografías, presumible prueba del delito para la denunciante.
Me cago en todo porque uno sale a hacer fotografías por ahí y alguna histérica con los niveles de locura desbordados por prestar una atención desmesurada a los programas basura de la televisión, se cree en el derecho y la obligación de lapidarlo y encima sin dar la cara. Me hubiera gustado oír sus disculpas una vez comprobado el contenido de la cajita, pero la señora en cuestión bien se ha preocupado de desaparecer orgullosa por su triunfo, supongo que con la cara esa que se les pone a los imbéciles que se creen portadores de la justicia y la moral y que son incapaces de reconocer y rectificar sus errores aún cuando estos queden claramente demostrados.
Intento ponerme en la mente de la justiciera del parque y me imagino que la señora, habrá pensado que mi cojera no es más que un disfraz para pasar inadvertido. Mis muletas dos armas camufladas para defenderme en caso de ser perseguido por la fuerzas del orden y que en realidad, corro como un galgo y que mi barriga y mi calva son postizas. ¡Fachada, todo es fachada! El pederasta del parque utiliza estas tretas para engañar a la gente de bien, pero a mí, a la justiciera del parque, ¡no me la pega!
Resumiendo. Es preocupante lo que está sucediendo en nuestra sociedad. Todos nos estamos convirtiendo en el gran hermano. Todos nos creemos superhéroes que tenemos la obligación de meter las narices en la casa del vecino y si algo no nos gusta, quemar la casa con él dentro. ¡Por si acaso!
Como las cosas sigan así, vaticino que no pasará mucho tiempo hasta que algún desgraciado sea linchado en cualquier plaza de cualquier pueblo. Lo peor de todo, es que a esto ya no se le ve marcha atrás.
¡Que le vamos a hacer! De todas formas gracias queridos lectores. Os invito a disfrutar de las fotografías que tomé en aquel parque y de muchas otras en laotrabarcelona.com y ahora os dejo, que me voy a poner la gabardina y me voy a ir por ahí a asustar a cuatro histéricas deseosas de hacer la buena obra del día.


Que demonios hay que hacer para conseguir un piso?.