08 febrero 2007

Con el culo en pompa (basado en una historia real)

Hoy he vivido una situación un tanto extraña.

Veréis, hace unos meses que tenia molestias en el cóxis, ese huesecillo ubicado allí donde termina la espalda; vamos, la rabadilla, como también se le conoce.

El caso es que he ido al hospital a que me visitara el traumatólogo y después de unas cuantas preguntas, me ha propuesto hacerme una infiltración. En ese momento es cuando ha comenzado mi aventura.

El doctor, muy amable el hombre, me ha hecho tumbar en una camilla con el culo en pompa para poder hacer su trabajo, pero lo curioso del caso es que ha dejado una de las puertas del consultorio abierta de par en par. Desde mi sitio, veía a otros pacientes visitándose en otras consultas y evidentemente, ellos podían verme a mi, todo eso a parte de un sinfín de personas que circulaban por esa especie de “patio interior” lleno de puertas traseras.

Constantemente había gente que entraba y salía de la consulta donde yo era atendido, y el doctor, abocado a mi culo, se excusaba sin cesar, supongo que se sentía tan violento como yo mismo.

-Estoy haciéndole una infiltración en el cóxis – decía a las distintas e inacabables visitas; no sé si por puro cachondeo o simplemente para que su honor (y el mío) no quedaran mancillados.

Creo que no solamente se lo decía a los que entraban, sino también a cualquiera que circulaba por allí. Hasta quizás lo han anunciado por megafonía o cualquier otro medio de comunicación ya que aquello parecían las Ramblas rebosantes de curiosos que esperan conocer los rincones más recónditos de la ciudad.

Antes de la inyección, con una gasa impregnada de alcohol ha realizado las consecuentes acciones de limpieza de la zona. No hace falta decir el gustillo que sentía cuando el alcohol resbalaba sobre mi piel, llenando el oscuro agujero y remojando mis pelotillas. El escozor era indescriptible.

Luego la infiltración, y al terminar ésta, había que estar unos minutos aguantando una gasa contra mi agujero negro, por aquello de retener lo que supongo seria un hilillo de sangre. Pero claro, imaginaros la situación, mientras yo estoy con el culo “parriba”, un tío tiene metida su mano entre mis piernas durante unos interminables minutos. No me extraña que se excusara, yo también lo haría, puesto que supongo que el cuadro debía ser digno del surrealismo más exacerbado.

Después, quiero suponer que una doctora, y digo quiero suponer porque espero que no fuera la señora de la limpieza, a petición del médico, toma el relevo y restriega cariñosamente la gasa por mi ano. Coño!, que situación. Cuando terminará esto?

Supongo que para los médicos ésta es una situación “normal”, pero... Que caray! Mi culo es mi culo y uno no ha estado 54 años guardando la virginidad, como para que al menor descuido alguien monte una especie de Expo con mi trasero como principal atracción.

Nada más por ahora. Ah, sí! Si alguien tiene especial interés en verlo, solo tiene que decírmelo. Supongo que será el único que no lo ha visto, pero eso sí, antes consultar tarifa.

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